jueves, 17 de septiembre de 2015

Esta mañana ...MMM OTOÑO QUERIDO¡


Esta mañana y desde hace unos días observo que los arbolillos que hay en la calle lloran, o quizá deba decir, que entre estornudos se renuevan dejando caer aquello que ya no les sirve, preparándose para la nueva estación que ya llega...yo pasaba justo por debajo de uno de ellos cuando una cascada de hojas voló hacia mí esparciendo sus variopintos colores y acariciándome con suavidad la piel en su precipitar hacia el suelo, hacia el vacío, hacia lo nuevo.
Sentí una gran alegría, “el otoño está aquí”... me dije con una sonrisa dibujada en el rostro..."mmm época de cambio" pensé, me muestra todo lo que he ido cambiando a lo largo del espacio y el tiempo dejando luchas, abandonado peleas, contiendas y guerras… con el afán de conseguir un mundo mejor. Un día cambié la mirada, dejé a la “guerrera” en reposo y descubrí que desde la paz, la tranquilidad y el sosiego, era más fácil trabajar en el amor para conseguir esa transformación interior, ese cambio interno para que el mundo a mi alrededor también pudiera cambiar y convertirlo así, en ese lugar mágico donde a mí me gusta vivir... "y en eso estamos"...En esa conquista interna, buscando siempre el equilibrio desde dentro para que éste se manifieste en todas las cosas externas que nos rodean.Y sé conscientemente que el mundo que yo construya será, no sólo el que mis hijos heredarán, sino en el que viven cada día. Es por ello que pongo y pondré todo mi empeño en ofrecer y dejar lo mejor de mí en cada acto que realice en la Tierra, tal vez no siempre lo consiga, yo también estoy aquí aprendiendo, pero procuraré siempre que así sea.


Una vez más doy las gracias a la Madre Tierra que tanto me enseña, que tanto me cuida y me protege. Agradezco hoy especialmente al hermano árbol que es para mí un ejemplo de quietud y sabiduría, ellos llegaron mucho antes que nosotros y simplemente por eso son unos de nuestros más sagrados maestros aquí en la Tierra. Los admiro por lo que son y lo que representan. En realidad todos somos de algún modo árboles humanos que, cuando llega el momento, debemos dejar volar nuestras hojas en libertad, compartir nuestros frutos con alegría y amor para que la cosecha no se malogre. Esparcir nuestras semillas para que nuestra obra continúe y, respetar y honrar nuestras raíces; manteniendo siempre los buenos principios y permitiendo que se precipite todo aquello que ya no sirve, que es caduco, y que no tiene sentido que permanezca con nosotros, valorándolo siempre por la labor que tuvo y el servicio que nos prestó en su día...con abandono y con una gran confianza, ya que como hoja que se suelta de su rama, sabremos hallar nuestro lugar, dejándonos mecer y acariciar por la sabia danza del viento, en una coreografía y sinfonías perfectas, que ya están escritas en el sendero de cada una de nuestras almas, antes incluso de iniciar el camino de la vida.
Me gusta observar la naturaleza, aprendo mucho de ella. Esas hojas cayendo me hicieron pensar en el apego y el desapego, en desprendernos con amor de lo que nos sobra, de lo que se marcha, de lo que cambia…, algo que a los humanos nos cuesta un poquito,y en particular a ésta humana,esas hojas de colores amarillos, ocres, rojos y anaranjados, algunas tintadas aún de restos de verde… se desprenden de las ramas iniciando una danza mágica, emitiendo un suave murmullo de libertad, cayendo sin dolor, sin pena, enseñándome con amor lo que significa soltar, abandonarse, renovarse.Admiro enormemente ese abandono, ese generoso gesto de entrega, ese último baile amoroso hacia la tierra cuando entienden que ya no pueden seguir sosteniéndose,que han de completar su sinfonía y convertirse en esa danza tan ancestral como el tiempo que las llevará a bañar el suelo como si fueran espuma de terciopelo convirtiéndose en nutritivo alimento al pie del árbol que les dio la vida y con el que compartieron quietud, estabilidad, sabiduría, belleza y tantas otras historias y sentires.  Otras aún serán arrastradas por el viento y volarán lejos de las ramas que las cobijaron y de las que estuvieron sujetas hasta el momento de dejarse caer precipitándose hasta el suelo para vivir su siguiente aventura, preparándose para ese cambio de estado, para esa muerte que las volverá de nuevo a la vida, a dar vida, a una nueva forma de vida. Continua renovación, continuo cambio, continuo abandono a lo que es, continua aceptación, continuo rendimiento a la sinfonía y la danza de la vida…Además esas hojas que se dejan caer, liberan amorosamente el espacio que ocupaban, permitiendo de ese modo que los nuevos brotes puedan preparar su nacimiento para irrumpir en la vida en la siguiente primavera. Es como decir, “terminé mi labor aquí, mi obra ha concluido y ahora te dejo el lugar que yo ocupaba para que tú puedas brillar con todo tu esplendor, tu color y tu belleza y completar la tuya.”Me quedé mirando al arbolillo y sentí como si me sonriera y su tibio aliento a mi oído me susurrara muy bajito estas palabras:"Si no suelto lo que tuve, me alegró y me dio salud, belleza y color, incluso a veces dolor… no puedo renovarme para seguir creciendo y ser más alto y más fuerte, con ramas más grandes, más sólidas, más robustas y más pobladas de hojas, flores, frutos y semillas para la próxima primavera. Necesito soltar lo que me sobrar para liberar mi alma, en el invierno necesitaré reposar, descansar ligero, sin nada que me pese o me distraiga del letargo donde se fortalece mi alma.En primavera, irrumpiré de nuevo a la vida, volveré a florecer poblándome de hojas y flores nuevas, para poder comenzar el verano en todo mi esplendor, olor, textura, sabor y color. Son los ciclos de la vida, los que todos deberíamos honrar y respetar en pos de mantener el equilibrio y poder vivir de acuerdo a las leyes de la naturaleza.”
 Hemos perdido la conexión con los elementos, con las estaciones, con la salvia de la vida. Hemos descuidado nuestras raíces, nos hemos olvidado de honrarlas y agradecerles el arraigo, el soporte y el sostén que nos ofrecen. ¡Así nos va en estos momentos en la Tierra! Quizá por dejar de respetar las leyes de la naturaleza, de respetar los elementos, de honrar a la vida, hemos sembrado el caos por doquier. Pero ahora ya estoy totalmente segura de que este caos nos devolverá al equilibrio algún día, en algún momento, en algún lugar...permite que la vida te renueve...y aunque nos dé mayor seguridad seguir anclados en lo conocido, aferrados a cosas sin sentido, manteniendo conductas, pensamientos, hábitos y patrones limitables que, aunque no nos gusten, nos mantienen en nuestra zona de confort. Debemos abandonarnos a la confianza de ese nuevo brote, a todo lo que ese brote lleno de vida nos puede ofrecer, permitiendo que la hojita que ya vivió su ciclo emprenda el viaje hacia un nuevo destino y que esa nueva pueda abrir los ojos,sonriendo a su nueva vida, hasta completar de nuevo su ciclo, disfrutando de su paso por la vida, de cada segundo,de su luminosa existencia igual que para todo lo que nos rodea, llegado el otoño,llega también para el hombre...Es momento de renovar y soltar, de mover un poco el cuerpo para permitir que esa hojarasca seca se desprenda y caiga para dejar las ramas libres ,sueltas y a la vez es momento de recogimiento, observando a la naturaleza nos damos cuenta de que los animalitos en los bosques recogen los alimentos que saben instintivamente que van a necesitar para pasar el invierno, y los guardan en sus madrigueras almacenándolos para cuando se produce la llegada de la estación de la hibernación y el reposo, de la integración, de estar dentro de uno, en silencio, casi sin luz externa para que podamos ver mejor la de dentro y el invierno es como el final de un ciclo, es tiempo para las revisiones internas, para las valoraciones, para ver, saber y darme cuenta de cuánto he aprendido, de lo que he avanzado... y del camino que todavía me queda por recorrer lleno de oportunidades para seguir aprendiendo, disfrutando, bailando, cantando, riendo y a veces llorando (cada vez más de alegría, de compasión, de amor). Pero no pensaré ahora en ello, daremos a cada día su afán y nos centraremos mejor en cada respiración, en cada palpito, en cada aliento de vida, en este momento.
Volviendo al otoño, tiene su gracia, ¿verdad?, de nuevo la dualidad. Soltar y recoger a la vez está bien, porque si respetamos los ritmos de la naturaleza estaremos soltando todo aquello que ya no necesitamos, en un proceso de separación de lo puro de lo impuro, de lo que nos hace bien y lo que no, que nos permitirá deshacernos de las cargas, de lo que pesa, de lo que interfiere en nuestro camino impidiéndonos seguir adelante como deseamos hacerlo… A la vez que recogemos a manos llenas las cosechas para que no se pierdan, recogemos lo que sí nos hará falta para los meses venideros, lo que nos alimenta, nutre y enriquece.Después de la gran expansión del verano, de la luz, del sol, de los frutos en su sazón… llega el momento de limpiar, de depurar, de volver a encontrar el centro de cada uno...y aunque en nosotros está elegir cómo lo vamos a hacer debemos procurar que nuestra actitud sea lo más positiva posible… no todos los días son buenos o vemos las cosas de la mejor manera. "Cuando estés en proceso de cambio acuérdate de ser como un árbol."pero con la confianza de hallar su nuevo destino. Perdona, Libera, Suelta, Cambia, Acepta, Reinventa, Renuévate, Sueña confía y conviértete en ese ser, que deseas SER.




MMM....OTOÑO  MI ESTACIÓN DEL AÑO FAVORITA.
(cuando me llegue la hora de irme solo deseo ver tu elegancia y colorido ..mientras comienzo el ultimo viaje.)...
                                          RAQUELITA.